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15/8/14

Un golpe al ego (Novela de una chica ilusa, cap. 15)

Fotos en el PDF.
Tomar buenas fotos en cuevas y cenotes no es tan fácil como pudiera parecer. Tampoco tomar fotos a paisajes en los que priman diferentes tonos del mismo color (de verde, por ejemplo).
Las fotos pueden salir manchadas, los detalles se pueden perder. En fin…
Yalo estaba tan orgullosa de las fotos que tomó en el Parque Natural –Cueva– Los Tres Ojos que ese día deseó por unos minutos que amaneciera rápido para ver sus páginas en el periódico.
Con la taza de café caliente en mano toma la sección y oh, mundo cruel. 
El sentimiento es un poco parecido a cuando te atracan o te roban la cartera (los entendidos entenderán).
Qué decepción. Qué pena. Qué pasó. Qué hicieron. #Nopueser. 
Las aguas del cenote están negras, los detalles de las cuevas no se distinguen, el agua de los manantiales ni se ve, los verdes están oscuros, manchados; el rojo del flamboyán (¡el flamboyán!) se ve sucio, horrible. Qué tristeza. Va y, casi llorando, exige una explicación. Nadie sabe lo que pasó. En realidad no parece que haya pasado nada. De hecho, no pasó nada. No hay nada que explicar. Anda. Qué se le va a hacer. Cosas que pasan. Decisiones divinas. Un golpe al ego, nada más.

Las fotos publicadas.
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Posdata de Dios.
¿Decisiones divinas? Las cosas, Yalo, no tienen por qué pasar como tú quieres que pasen.
El mundo, chiquilla ilusa, no gira alrededor de tu insulsa existencia.
Hay cosas más importantes en la vida que andar embobada mirando los campos, subiendo y bajando verdes laderas, tomándoles fotos a las mariposas y a las florecillas silvestres.
La vida, insípida Yalo, es eso que pasa mientras tú te entretienes mirando NCIS, Alienígenas Ancestrales o Criminal Minds; suspirando por personajes de novelas, resucitando a Kalimán. Y en el supuesto de que sí, de que haya sido una decisión divina, ¿qué? A ver, ¿qué? (En este punto Yalo no pudo evitar imaginarse la cara de Tony DiNozzo deciéndole a Ziva: ¿Qué?)

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Posdata de Yalo.
La postura de Dios, tan de su nivel, tan como tiene que ser, me recordó una historia que me contó doña Carmenchu Brusiloff  de algo que le pasó siendo redactora y editora en LD en el año... (no recuerdo, principios de los 90, creo).
Fotos originales.
Me dijo que una vez dejó las páginas listas, firmadas y todo, y que al día siguiente se topó con que le habían sacado una historia.
Imagínense todo lo que pasó por la mente de doña Carmenchu, cómo se preocupó, la pobre.
Entonces va donde el jefe, don Rafael Herrera (1912-1994), le explica lo sucedido y le pregunta si sabe algo...
Él le dice que  sí, que fue él quien ordenó que la sacaran.
Ella le pregunta, pidiendo, humildemente, una explicación (leer alargando la frase):
– ¿Y por quééé, pasó algo?
Y él respondió:
– No, no pasó nada. Aquí la tienes, ponla para mañana. Fue sólo para que te acuerdes que yo soy el director.

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Anadel (Samaná). Al fondo: Cayo Levantado


5/8/14

Hojas que nacen arrugadas

Las (primeras) hojas de esta planta (nos las topamos Jaclin y yo frente a una casita en la Paseo de los Periodistas) ¡nacen arrugadas! Así como leen. Luego, a medida que crecen, se ponen lisas y continúan lisas todo el tiempo.
Pero no es un “arrugue” normal.
Es como si por dentro del tallo las soplaran (como si la hoja se resistiera a nacer y el tallo, a propósito, la soplara para que salga, de una vez por todas, por la yema axilar) y producto del soplo
les salieran burbujas que no llegan a
explotar.
La soplan desde dentro, decía, y como es verdad que ella no quiere salir se engurruña más y más y al final sale así.
¿Malformación genética? ¿Fue atacada por plagas? Me cansé de buscar una explicación o plantas parecidas pero en todas partes hacen alusión a que no es algo normal. Podría seguir procrastinando, pero prefiero que las vean, por si la conocen o saben algo...
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