25/11/12

La Cueva de las Golondrinas

En Río San Juan (Costa Verde, Cabrera, María Trinidad Sánchez) hay una pequeña gruta llamada Cueva de las Golondrinas a la que se accede en bote desde el mar y que se adentra unos siete o diez metros roca adentro (¿?). Es uno de los atractivos del Monumento Natural Laguna Gri-Gri, muy frecuentado por los turistas. Los botes se turnan para entrar y allí permanecen flotando unos minutos mientras los visitantes miran “embelesados” el fondo transparente lleno de piedras y el techo de rocas. Ah, ese techo ‘enrocado’.
Es probable que si visita la cueva nunca vea a las golondrinas, pero nunca olvidará ese techo. Parece como si las piedras hubieran sido pegadas artificialmente y estuvieran a punto de desprenderse, cosa que, por suerte, nunca ha ocurrido (o tal vez sí, el lecho marino está lleno de ellas).
Las grietas entre las rocas son muy pronunciadas y por eso es el miedo, porque una espera que de un momento a otro estas se muevan, se deslicen, se caigan...
Como no hay mucho que hacer dentro, salimos de nuevo mar abierto y a los pocos segundos el miedo neurótico de la Yalo se ha ido, al aparecer, cada vez más grande, la franja de arena de una de las playas más hermosas de la costa Norte: playa Caletón.
 

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17/11/12

Tres en una...

Es linda esta cascada que asoma en un recodo de la carretera Casabito- Constanza, antes de llegar a la ermita de la Virgen de las Mercedes (si conducen de sur a norte). Muchos de los viajeros que bajan de los vehículos para fotografiarla creen que es solo una, y por eso es doble la exclamación que lanzan cuando, luego de ver la primera caída de agua (el charquito se pierde por debajo del puente seco de la carretera), al levantar la vista notan que la lengua blanca que sale del bosque se ha partido en tres.

4/11/12

La Agüita de Liborio

Nada más llega noviembre y con él asoma el recuerdo de Liborio Mateo* a la cabeza de la Yalo. Siempre ha sido así. Es como si Liborio me juchara a escribir de él.  ¿Y saben por qué nunca lo había hecho? Porque la Agüita de Liborio es uno de esos lugares que te mueres por conocer y al llegar te decepcionan.
Nos ocurrió con los centros urbanos de Miches y de Sabana de la Mar. Sus nombres son tan bucólicos que te esperas otra cosa, qué sé yo.
A lo mejor es tiempo de que lo diga para que Liborio me deje en paz. Cuando viene a ver él quiere que lo haga para ver si hacen algo con este sitio de peregrinación: el rincón en la montaña al que llegan fieles y no fieles a conocer la piedra donde posó su mano el “mesías” de la Maguana, o a bañarse en el manantial del que se dicen tantas cosas...
Es cierto. Una espera ir a Maguana (Arriba), al norte del municipio San Juan de la Maguana (provincia San Juan) a mojarse con la agüita de Liborio esperando que el agua “bendita” nos limpie de la mala suerte y de las enfermedades, esperando encontrar un espacio de ensueño donde solo se escuche el rumor del chorrito, tipo cuadro antiguo... ¿y con qué nos encontramos? Con una poza fea encementada y encerrada entre paredes, parece que para aprovechar lo poquito de agua que sale del manantial.
Hombres y mujeres se turnan para entrar y bañarse (sí, el área del manantial tiene una puerta, es como un cuarto sin techo). Muchas de las piedras están pintadas (muy mal, le quita el encanto natural al entorno) y el altar en honor a San Miguel, en la gruta del fondo de la placita, da miedo (¿se han fijado en que todos los altares dan miedo?). 
Lo bueno del viaje es que el camino que se desprende de la carretera San Juan-Sabaneta y que lleva hasta la agüita (ver mapa) está en tan mal estado que hay tiempo de sobra para, mientras el vehículo se tambalea, disfrutar el paisaje del norte de San Juan. Y mejor todavía es que, por suerte, no todos suben a Maguana Arriba para fijarse en cosas tan triviales como en las que se fija la Yalo…
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*Algunos historiadores prefieren llamarlo Olivorio Mateo.
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