28/4/10

Salinas (un relato)

Eva quería saber de dónde salía la sal. Un viaje la llevaría a un lugar que más que una fábrica es una estampa que ha servido de inspiración a viajeros y fotógrafos. Una carretera separa la playa de las salinas y allí, entre las dos, se paró Eva a contemplar una montaña blanca y a cumplir una promesa.

Por Yaniris López
Para Tu Aventura

Su obsesión por la sal comenzó un día cualquiera a la hora de la cena. Eva se preguntaba de dónde salían esas piedras grises y transparentes que le aguaban la boca cada vez que las tocaba con la punta de la lengua cuando su mamá daba la vuelta. ¿Del mar?, preguntaría a los siete años, ¿cómo del mar?
Eva nunca lo había visto. No sabía cómo era. No, no hay escuelas en el campito donde vive Eva. Ni libros ni nada que se les parezca. La casita más cercana a la suya queda a cuatro horas de camino y los únicos niños que Eva ha visto en su vida son sus primos Miguelo y José. Y ellos tampoco conocían el mar.
El viaje lo organizó el tío Mariano, que vivía en la capital y le llevaba por Reyes, una vez al año, una muñeca plástica morena y muy flaca que Eva mojaba en el estanque del patio desde que su tío se perdía en la distancia. Tomó meses armar el viaje, pero ya casi, casi…

En su penúltima visita, tío Mariano le llevó a Eva unas láminas para que conociera el mar. Un río grande y redondo pintado de azul. Eso le pareció el mar a Eva. ¿Me llevarás ahí? No a ese, Eva. Al sur. Iremos al sur, a Salinas, de donde sale la mejor sal del país. Te bañarás en una playa de arenas oscuras, verás montañas de sal y subirás y bajarás dunas, es decir, montañas de arena parecidas a los montoncitos de azúcar prieta, pero grandes. Ya verás cómo te divertirás, Eva.

Antes de subirse al mulo que la llevaría al pueblito más cercano, donde tomaría la guagua rumbo a Baní, hogar de las salinas, su mamá le pasó el frasquito de vidrio en el que solía guardar palos de canela y nuez moscada y le dijo, mientras le daba la bendición: Para que me traigas un poquito de sal, Eva, así sabré que conociste Salinas de verdad, y luego volteó la cara para que Eva no viera que los ojos se le llenaban de agua. Eva no guardó el frasquito en la mochila nueva. Lo apretó contra su pecho y sonrió.

El traqueteo de la guagua atravesando caminos y carreteras le dio sueño. Cuando despertó, 120 kilómetros al sur y aún con su frasquito en el pecho, Eva notó que el paisaje era muy distinto: como si hubieran dos soles alumbrando en vez de uno, como si hubiesen peinado la tierra y sólo unos árboles quedaran en pie. Qué distinto a su verde y tupido refugio.
Parte del sur es así, Eva, le dijo tío Mariano cuando el autobús paró y ellos bajaron. En la misma orilla de la carretera, una sabana de aguas azul oscuro que Eva se tragó con la mirada les cerró el paso. ¡El mar!, le dijo a tío Mariano, ¡cuánta agua! En el extremo izquierdo, Eva vio cajones de madera acostados a lo largo de la orilla y decenas de extraños carritos que transportaban montones de algo muy blanco, subían hasta un puente hecho con palos y depositaban la carga en una montaña blanca. Eva nunca había visto una montaña tan blanca. Las suyas eran verdes, verdes. Se miraron. Se acercaron. Era sal.

El agua del mar es salada, Eva, tan salada en este lugar que si la dejas secar entre esos cajones se convierte en sal. Esos hombres de ahí sacan la sal que se formó en los cajones, la echan en los carritos que ves y estos carritos la amontonan en esa montaña. Luego la reparten en sacos y funditas y así es como la sal llega a todos lados.
Eva no podía caminar bien, los zapatos se le llenaban de trocitos de sal y también le daba vergüenza pisarla. No importa, Eva, puedes pisarla, reía tío Mariano. Hay suficiente. Acércate a la montaña, toca la sal. Sin miedo, no hay gente en los alrededores, las oficinas de las salinas están cerradas, es domingo y algunos trabajadores se quedan sólo para que los curiosos como nosotros conozcan cómo se hace la sal. Anda.
Eva apretó el frasco. Debo llevarle un poco a mamá, para que vea que sí estuve aquí. Claro que sí, Eva, claro que sí. Disfruta tu viaje.
Eva se acercó y comenzó a llenar el frasquito. No había terminado cuando notó que su tío se paraba de repente frente a un cuadro pintado, lo miraba, luego la miraba a ella y de nuevo miraba los dibujos azules. ¿Por qué te paras, tío? ¿Qué dice ahí?
Dice, Eva, que eres bienvenida a Salinas y que puedes tomar toda la sal que quieras.
Eva llenó el frasquito hasta arriba, lo cerró, lo apretó contra su pecho y sonrió.

24/4/10

El fotógrafo de los escritores en el parque Independencia

EL KILÓMETRO CERO DE LA CIUDAD SE VISTE DE LITERATURA

El argentino Daniel Mordzinski, considerado el fotógrafo de los escritores y con más de 200 exposiciones en su perfil, renueva con su arte los barrotes del parque Independencia, en el kilómetro cero de la ciudad. La exposición, que se llama “Letras Hermanas” y que nos muestra 140 fotografías de reconocidos nombres de las letras hispanas, es de lo mejor que trae este año la XIII Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2010.
Allí vemos a García Márquez sentado en una cama, a Carlos Fuentes suspirar en una silla, a Ernesto Sábato (¡argggg, lo adoro!) pensativo, a Bryce Echenique retozar con una máscara, a Borges en blanco y negro, a Andrés Neuman dormido sobre una mesa de billar...
Y de aquí, vemos a Pedro Antonio Valdez de los más contento entre (¿)…; a Junot Díaz en una de las mejores poses; a Rey Andújar mostrando su “esplendoroso” cuerpo; a Adrián Javier entre verdes y muchos, muchos otros autores criollos (Maggiolo, Lupo Hernández, Andrés L. Mateo …).
Sí, llegarse hasta aquí para ver los retratos de nuestros más admirados autores no es un simple paseo al aire libre. ¡Cuántos personajes, cuántos escenarios, cuántas historias nos llegan a la mente y al corazón en cada retrato! Snifff.

17/4/10

La peligrosa casuarina

Exijamos a las autoridades erradicar estos árboles de las orillas costeras. “En Cuba estuvieron a punto de perder 16 kms de las mejores playas de la isla (Varadero) por esta causa”.

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Siempre pensé que se trataba de un pino. Un pino muy lindo, por cierto, con hojas largas y gruesas y piñitas pequeñas muy atractivas. Pero no lo es. La Casuarina equisetifolia, un árbol oriundo de Australia, islas del Pacífico y Sudeste de Asia, no es un pino (por lo menos no uno bueno). Es una especie invasora extranjera muy peligrosa y enemiga del turismo. Y hay muchísimas a lo largo de la playa de Bávaro (Punta Cana), una de las zonas más visitadas del país.
El peligro de la casuarina nos lo explicó Simón Guerrero, ex director del Zoológico Dominicano, ambientalista, docente y articulista de Diario Libre, durante la celebración aquí de la Primera Conferencia Mundial sobre Clusters Turísticos y Competitividad, mientras recorríamos la playa de Bávaro. Ya Guerrero había escrito sobre el tema en Diaro Libre. Reproducimos algunas notas de su artículo El pino australiano: enemigo del turismo.

"Conocido como pino australiano, la casuarina fue introducida en casi todo el mundo desde el siglo diecinueve y en las Antillas antes del 1924. Se introdujo porque crece rápido, con el propósito de producir madera, pulpa y alimento para el ganado. Para todos estos usos, sin embargo, ha demostrado ser ineficiente: la madera es muy dura para ser trabajada, se raja fácilmente y, aunque resiste bien el salitre, es vulnerable al comején y se pudre pronto en el suelo. Como forraje tampoco sirve, ya que dificulta la asimilación de la proteína, hace perder peso al ganado y es cancerígeno. Es, en cambio, excelente como leña y en algunos países lo utilizan para regenerar suelos agotados, porque fijan nitrógeno de la atmósfera y porque sus hojas producen abono para el suelo.

“El daño que puede causar en las playas es mucho más preocupante. Sus hojas, al mezclarse con la arena, la degradan y como consecuencia, poco a poco las playas van desapareciendo. En Cuba estuvieron a punto de perder 16 kms de las mejores playas de la isla (Varadero) por esta causa. Para evitarlo hubo que eliminar todos los ejemplares plantados décadas antes. Debemos aprovechar las experiencias de Florida y de Cuba, ya que aquí este “pino” ha sido sembrado por todas partes: en la costa este, en la ciudad (Mirador Sur), en el malecón y en las proximidades de parques nacionales. Detener la siembra y erradicar los que existen en zonas en que son un peligro es lo recomendable”.

El caso de Cuba
Conocimos también al cubano Norman Medina, uno de los encargados de ejecutar el plan maestro de Varadero (Cuba), allá por 1974. Medina explicó que las playas de Varadero estaban llenas de este falso fino y que, al confirmase su peligrosidad, el gobierno cubano dio la orden de retirarlas todas de los alrededores. ¿Por qué? “La mata tiene raíces aéreas superfluas que impiden que la arena que se vaya regrese”, dijo Medina. Gracias a la rápida ejecución de las autoridades, hoy Varadero es el polo turístico más importante de la isla.

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Para no pecar, por si acaso las autoridades nuestras (Turismo, Medio Ambiente) no lo saben, aprovechemos cada encuentro para recordarles cuán peligrosa es la casuarina para nuestras playas.

11/4/10

Hecho a "retazos"

El tramo de la carretera Higüey-Bávaro ubicado a la altura del centro urbano del distrito municipal La Otra Banda parece hecho a retazos. De todas las formas y los colores propios de las calles. La historia me la imagino así: con todo y tratarse de la provincia más pujante, actualmente, en asuntos turísticos, las autoridades no tenían dinero para reparar ese tramo y le pidieron a la próspera comunidad que les ayudara. Y resulta que las familias de La Otra Banda, que sí comprenden la importancia de las obras viales cuando de turismo se trata, decidieron colaborar. Cada una según sus posibilidades. Y así vemos que las familias más pudientes donaron los parches más grandes, y las menos, los más pequeños, hasta formar este mosaico gigante. O a lo mejor no fue así, y fueron los demás distritos municipales del país (hay 299), los que donaron un pedazo de asfalto cada uno, transportándolos ya hechos desde sus distintas demarcaciones. Bah, me quedo con la primera historia, y, aunque no pude comprobarlo, sé que si me bajaba del autobús y escudriñaba las esquinas de cada retazo iba a encontrar en cada uno un letrero pequeñito que diría: “Este pedazo de calle fue donado por la familia tal…”

9/4/10

La cagaron, realmente…

Les tengo un chisme fresquecito. No me aguanté y salí del lugar de los hechos sólo para contárselo, pero no hay Wi Fi en la habitación, así que lo colgaré mañana (o sea, ahora). Son las 11:12 p.m. Hace dos horas, dos chicas despampanantes vestidas con plumas y esas cosas promovían en la entrada del anfiteatro el show más esperado del más grande complejo hotelero de la zona este del país (porque son muchos en uno). Guao, será un espectáculo Espectacular, pensó la Yalo. Allí estaré. Y miren que lo fue. Comenzó una hora más tarde. Una parte estuvo dedicada a América y las chicas bailaron mucho mejor que otras veces. Los chicos que cantan siempre lo hacen bien, que conste. Sigo. Ay, qué lindo. Qué lindo cuando comenzaron a dedicar canciones y bailes a muchos países de América Latina, preciosos, muy de cada país. Con sus trajes típicos y todo. Con una gran orquesta en vivo (muy buena). Qué lindo, la verdad. Entonaron y bailaron canciones que elevan el ánimo patrio y hacen que la piel se ponga, unos segundos, de gallina: el joropo Alma llanera (Yo nací en esta ribera…) para Venezuela, una cumbia pegajosa para Colombia, un tango súper bien bailado para Argentina y Uruguay (de película), el Cielito Lindo mexicano cantado por toda la audiencia, el famoso cha, cha, cha cubano El bodeguero; canciones lindas para Chile, El Salvador y Perú y el Cortaron a Elena puertorriqueño digno de concurso. Y al final, la chica de la voz bonita dice, bien alto, bien entonao, con mucho ánimo: “Y ahora, público querido, nos quedamos aquí, ¡en nuestra preciosa República Dominicana!” Y la Yalo, que practicó y bailó danzas folklóricas cuando “más joven”, que disfruta a rabiar los espectáculos de bailes folklóricos, que se atrevería a pagar por ver un show de bailes folklóricos de cualquier país, ella pensó: “Prepárate, Yalo, ¿qué sorpresa nos traerán? ¿Qué bailarán? ¿Chenche, mangulina, merengue, bachata, un perico ripiao de tierra adentro? ¡Párate, párate, para que veas bien!”. Y hete aquí que las chicas se aparecieron con unas diminutas falditas color rojo tipo bailarina que no alcanzó a comprar suficiente tela, y una cosa blanca cubriéndoles los pechos, y al compás de la voz del chico que se quedó en el escenario y de la orquesta bailaron: Patica aquí, patica allá, y pan, pan, pan…

PD. No, nada…

4/4/10

"Los robles mueren de pie"

La vida te obliga, a veces, a recurrir a frases que justifican la existencia de los libros de autoayuda. Todos las hemos citado alguna vez: un refrán, un proverbio chino, un aforismo... Lo que no es común en encontrar esas frases en las etiquetas de los árboles, mucho menos en un lugar único en el mundo como la isla Cabritos: ubicada dentro de un cuerpo de agua situado por debajo del nivel del mar (Lago Enriquillo) y en el que, la verdad, últimamente no hay mucho que ver (las iguanas se esconden, las inundaciones han tapado el atracadero, los cocodrilos hace tiempo que no se dejan ver y el sol asa la piel).
Por eso, llegar hasta un punto dentro de la islita de 12 kilómetros de largo y 2.5 de ancho y toparme con esta frase me recordó todos esos libros que en 300 y 400 páginas intentan “obligarte” a ser feliz, a enfrentar los problemas y a evitar, a toda costa, que termines asesinando a tu jefe. Con cientos de frases te ofrecen soluciones que, quien sea que haya dicho o escrito esto que leí en la Isla Cabritos, resumió en cinco palabras: “Los robles mueren de pie”.

1/4/10

¡Hola, abril!

Acuérdate de mí si te sorprende
el viento que otro abril trajera.
Acuérdate de mí si nunca sientes
un beso que a tu amor convenza.
...
Acuérdate de mí no me abandones
tan solo que este abril me desespera.
No olvides que el amor vuela de noche
y anida en otro abril cualquiera.

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Acuérdate de abril, fragmento (Amaury Pérez)