29/4/09

Un fogón de goma


* Está ubicado en el batey Doña Lila, en el municipio de Consuelo (San Pedro de Macorís). Se presta perfectamente para decir: Ayer vi…

24/4/09

Leyendas de la Zona Colonial (1)


Entre los muros de la Zona Colonial viven enamorados frustrados, sacerdotes sin cabeza, esclavos maltratados, damas que guardan dolorosos secretos y cientos de historias que, en lo adelante, valdrá la pena contar.

©Por Yalo
Arte: Rafael Hutchinson


El Tapado

Cuentan por La Zona que se trataba de un hombre misterioso de figura alta y elegante que vivía en el segundo piso de la casa que se encontraba en la esquina de la calle 19 de Marzo con Billini. Nunca pudieron verle la cara porque se tapaba con una oscura capa larga y por eso le llegaban “el tapado”. Caminaba por los túneles de la ciudad y nunca faltaba a la misa de las 6:00 p.m. que se oficiaba en la Catedral. Entre las especulaciones sobre su identidad y las posibles razones de su ocultamiento figuran que tenía alguna deformidad física o lepra; que se trataba de un noble que se ocultaba en la colonia porque había matado a otro; o que era el famoso contrabandista que había fundado la ciudad de Baní. Hay quienes, todavía hoy, continúan llamando a la 19 de Marzo la “Calle del Tapado”.


El Aljibe


La historia ocurrió a principios del siglo XIX. Una doncella se enamora de uno de los sirvientes negros que trabajaban en su casa, quien solía expresarle su amor con poemas que él mismo escribía. Un día que fueron sorprendidos juntos por el padre de la joven, el sirviente se esconde con todos sus poemas en el aljibe (pozo) del patio. La chica no le despegaba la vista desde un balcón, pero el joven no resistió mucho tiempo y murió ahogado. Tanto lloró la doncella que sus lágrimas llegaban al mar y su alma se secó. Como nunca pudo volver a enamorarse, optó por convertirse en monja.

**Fuente: El Museo de la Familia Dominicana (en cuyo patio ocurrió la historia de El Aljibe) ha recuperado muchas de las historias más famosas de la Zona Colonial y las ha recopilado en el libro: “Noches de Leyendas”.

22/4/09

El horno panadero de Andre Coffi


Vino de Haití en 1985 a trabajar en los campos de caña del país y luego se quedó a vivir en el batey Doña Lila, en el municipio de Consuelo (San Pedro de Macorís), un lugar donde aproximadamente 200 personas sobreviven por obra, gracia y misericordia divinas.
Cuando se acaba la zafra no hay mucho que hacer, así que André Coffi vende mabí, dulces y conconetes para sostenerse –es soltero y tiene siete hijos-. Pero los días de pago Coffi se convierte en panadero. El panadero del batey Doña Lila. El horno se lo construyeron hace dos años “unos padres americanos” que la comunidad recuerda con cariño.

Ubicado al fondo del cacerío de 25 viviendas, parece una pequeña ermita hecha de blocks, cemento y ladrillos. Luce casi nuevo porque, como entenderán, los pagos no se hacen muy a menudo (la zafra dura cinco o seis meses) y Coffi debe viajar a San Pedro a Macorís (12 ó 13 kilómetros aprox.) a comprar la harina, porque ese ingrediente es un lujo en el pequeño ventorillo del batey, del que se encarga Agustín Pardilla, uno de los fundadores del lugar, allá por 1975. La dueña de las tierras se llamaba Lila, y por eso el batey lleva su nombre.

Coffi dice que ha pasado “mucha calamidad” en esta vida. Y parece que es cierto. Sus pocos años (58) delatan mucho trabajo, mucha lucha, mucho sol cayendo sobre su negra piel, muchas horas de zafra, muchas promesas incumplidas… Y él se ríe con cara de tonto, ingenuo, esperanzado, buena gente…

Ya saben. Si viajan al Este y deben tomar la carretera San Pedro-Consuelo-Hato Mayor, deténganse un día en un colmado o supermercado, compren una libra de harina de trigo, tomen la carretera y después del batey Don Juan y antes del batey Consuelito doblen a la derecha y llévensela a Coffi.
De la carretera al batey sólo les tomará unos cinco minutos, pero las brasas del horno de André Coffi arderán por horas y todos en Doña Lila se lo agradecerán. A cambio, él les regalará su sonrisa ingenua, tonta, esperanzadora…

15/4/09

Los cayos dominicanos: paraísos en miniatura (2)

Yaniris López

La diversidad geológica de los cayos que bordean las costas dominicanas nos permiten encontrar en ellos playas, formaciones rocosas, aves, pinos, mangles o nada de vegetación, como ocurre con Cayo Arena, un montículo coralino formado sólo por arena cuyo tamaño varía según el humor de las olas.

Cayos Los Frailes. Le llaman así porque a la distancia parecen frailes vestidos de blanco. Están ubicados 18 kilómetros al noroeste de la isla Beata y al norte de la isla Alto Velo. Forma parte del Parque Nacional Jaragua y es de difícil acceso. Las observaciones, según recomiendan las autoridades, deben hacerse desde el bote.

La Matica. Famoso promontorio ubicado en la playa de Boca Chica, a 500 metros de la costa. Con 200 metros de largo y 50 de ancho, la islita solía albergar una gran cantidad de palomas y durante mucho tiempo se le llamó así: isla Paloma. Hoy día, las garzas pueblan el lugar. Próximo a La Matica está la isla La Piedra, de 780 metros de largo y 330 de ancho. En los alrededores de ambas islitas se practica buceo y deportes acuáticos.

Cayo Levantado. Es el más grande de los cayos que bordean las costas interiores de la bahía de Samaná y el más explotado del país en el área turística. Antiguo refugio de piratas y corsarios, cuenta con 8 kilómetros cuadrados y unos 450 metros de costa arenosa, así como una atractiva plataforma de arrecifes y yerbas marinas. Cientos de turistas lo visitan cada año y muchos más en los últimos meses, con la llegada de cruceros semanales a sus aguas cristalinas y playas paradisíacas. Las caminatas y la práctica de snorkell forman parte de las actividades que se pueden realizar en la zona, que cuenta con facilidades de hospedaje y restaurantes. Las agencias de viajes programan excursiones regulares a la isla.

Cayo del Puente. Localizado frente a la ciudad de Santa Bárbara de Samaná, es el único de los cayos dominicanos que se comunica con tierra firme a través de un puente. Su silueta y la del puente forman parte de las postales de la bahía de Samaná y desde su playa, de suave oleaje, se obtiene una hermosa vista de la bahía y de la ciudad.

De interés. Los cayos son islas pequeñas casi siempre deshabitadas y arenosas. En el país hay más de 100, entre cayos e islotes, distribuidos en todas las regiones: norte, sur y este. La mayor cantidad se concentra en la bahía de Samaná y el noroeste de la provincia Montecristi. ¿Te interesa el tema? La guía “Islas, cayos e islotes de República Dominicana”, editada por la Secretaría de Estado de Turismo, con datos e investigaciones del periodista Geraldino González, contiene muchas informaciones de interés.

Foto principal: Isla Cabra, en Montecristi. En el collage: Vista de la bahía de Samaná desde Cayo del Puente. Vista de Cayo del Puente desde arriba del puente y montículo frente al malecón de Puerto Plata, donde estaba la estatua de Neptuno. Fotos: ©Yalo

Enlace relacionado:
Cayos dominicanos: paraísos en miniatura (1)

Los cayos dominicanos: paraísos en miniatura (1)



Yaniris López

Cientos de cayos e islotes rodean las costas dominicanas. Algunos parecen perfectos conos de helado; otros, dudosos sacerdotes vestidos de blanco. Son paraísos en miniatura que atraen por sus singulares características: espacios pequeños y casi todos deshabitados que guardan entre las aguas que los rodean o la vegetación de sus rocas y tierra peculiares ecosistemas de gran valor ecológico para el país.
Mientras Cayo Levantado, La Matica y Cayo Arena acaparan la mayor cantidad de visitas, los Cayos 7 Hermanos concentran la mayor flora y fauna, y Cayo Los Frailes, la más espectacular formación rocosa. Los pájaros tienen un favorito, y la playa que bordea el más cercano a la ciudad de Samaná parece un lago.
¿Qué hacer en un cayo? Además de la observación de aves, enormes plataformas de arrecifes de coral rodean casi todos los islotes del país, invitando a la exploración submarina y a la práctica de buceo y vela. Las reglas para visitarlos se siguen con rigor, sobre todo porque muchos están ubicados en áreas protegidas.

Cayos de Montecristi. El último tramo de la autopista Duarte concluye frente a Cayo Zapato o El Fraile, uno de los puntos más visitados y fotografiados de la provincia de Montecristi. Desde lo alto de El Morro se observa claramente la silueta de la isla Cabra, que se utiliza como salina, y al oeste del dromedario dormido comienzan a sucederse los cayos Siete Hermanos, una especie de archipiélago de gran importancia ecológica y ecoturística, debido a la gran cantidad de aves migratorias, mangles, arrecifes y fauna marina que concentran.
Se llaman Tururú, Monte Chico, Monte Grande, Terrero, Ratas, Muertos y Arenas. En cayo Ratas o Pablillo se mantiene en pie un faro que antaño guiaba a los navegantes, cuando las costas de Montecristi figuraban entre las más importantes del país.

Cayo de los Pájaros. Rodeado de cientos de mogotes, este cayo es una parada obligada para los visitantes que se acercan a conocer los atractivos del Parque Nacional Los Haitises. Cientos de pájaros, algunos exhibiendo particulares y grandes bolsas rojas en el pecho, revolotean todo el tiempo sobre los arbustos. Todavía no se sabe por qué los pájaros del Parque lo prefieren, cuando disponen de más de 60 cayos y mogotes que disfrutar.

Cayo Arena. Formado solo por arena, es uno de los puntos favoritos del país para la práctica de buceo y snorkel. Ubicado en los límites costeros de las provincias Puerto Plata y Montecristi, 20 minutos en bote lo separan del pueblito de Punta Rucia, de donde zarpan las embarcaciones y donde funcionan touroperadores que ofrecen servicio de comida y hospedaje a los visitantes. La carretera de acceso está en muy malas condiciones.

De interés: Los cayos son islas pequeñas casi siempre deshabitadas y arenosas. En el país hay más de 100, entre cayos e islotes, distribuidos en todas las regiones: norte, sur y este. La mayor cantidad se concentra en la bahía de Samaná y el noroeste de la provincia Montecristi. ¿Te interesa el tema? La guía “Islas, cayos e islotes de República Dominicana”, editada por la Secretaría de Estado de Turismo, con datos e investigaciones del periodista Geraldino González, contiene muchas informaciones de interés.

Foto principal: Pequeños cayos en Samaná. En el collage: Cayo Arena (Montecristi-Puerto Plata), Cayo del Puente (Samaná), Isla Cabra (Montecristi) y Cayo Los Pájaros (Los Haitises). Fotos: ©Yalo

Enlace relacionado:
Los cayos dominicanos: paraísos en miniatura (2)

14/4/09

La chica “estrallón” (Novela de una chica ilusa, cap. 5)

Yalo es muy fofa y blandita. Vive en limbolandia y cuando viaja se entretiene mirando alrededor de tal forma que se cae, resbala o tropieza como quien dice por placer. A veces, si no se cae por placer entonces es la situación más inverosímil la que provoca que en casi todos sus viajes termine en el suelo. Por estar de fijona se ha caído en cuevas, ríos, zanjas y duras aceras. Y también de algunos mulos. Tampoco tiene suerte con los caballos. Ya ni vergüenza le da admitirlo. Quizá por eso Timo la bautizó como “la chica estrallón”.

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PD: En la imagen, José (de Indiana Adventure) y María M. la asisten en el Valle de Lilís, luego de sufrir varios "estrallones" y moretones mientras subían el pico Duarte.

8/4/09

En la guácara de Hernando Alonso

La entrada a la cueva
Cuando Timo dijo “y traigan un foco” Yalo pensó en complacerlo para que él no pensara que le había hecho caso omiso a la recomendación. Se paró con Ro en la ferretería más cercana al centro de Fantino (Sánchez Ramírez) y se armó con la única linterna que quedaba en la tienda, que resultó ser una de esas que dan risa: bien ancha en la parte del foco y estrecha en el mango. Rara, en verdad. De hecho, el chico que la buscó se quedó a medio camino, en el pasillo que da a la parte trasera de la tienda, y desde allá dijo: “Sólo nos queda de ésta”, como excusándose (risas). Luego le daríamos gracias al ¿cielo? por haberla comprado.

De Fantino tomamos rumbo al sur hacia la(s) guácara(s) de Hernando Alonso (distrito municipal del municipio La Mata). La cueva se encuentra en lo alto de una montaña que se alcanza a ver desde la carretera. Antes de llegar a la falda hay que pasar por una “empalizá”, un pequeño cacaotal, un río y una amplia sabana (ver slide al final). La subida, salpicada de piedras blancas y un hermoso paisaje verde como fondo, es de fácil ascenso: más o menos 10 minutos para los ágiles y ejercitados, 20 minutos para los haraganes como Yalo. De abajo parece más difícil, pero no es para tanto.
La idea de visitar la cueva era, además de explorarla, ver si descubríamos a la primera mirada la famosa esfinge de la virgen que se encuentra en las cuevas (en realidad son muchas cuevas en una sola, aunque sólo haya una entrada). El reto lo había planteado Timo.
La virgen. ¿Logran verla?
El lío es que para llegar hasta la “piedra” de la virgen hay que atravesar varios laberintos fríos y de pisadas sospechosas. La entrada de la cueva se ve normal, espaciosa y con petroglifos en las primeras rocas que auguran una buena observación de la rica herencia taína. Pero al entrar… una se da cuenta que el paseo no será tan sencillo. Aunque tenemos focos, sólo el flash de la cámara al dispararse nos brinda una idea de cómo serán los próximos metros: oscuros pasadizos con pisos desnivelados, figuras rocosas que se desprenden de los techos y gotitas de agua que en los próximos años darán forma a peculiares estalagmitas.

Timo dirige la “expedición”, y Cholo y Jorge cuidan los pasos de las chicas. Como no se puede estar disparando fotos todo el tiempo, hay que tener cuidado con los desniveles y con la oscura oscuridad, la mejor aliada de los murciélagos que dan la bienvenida a los visitantes. La virgen está casi al final, empotrada en el lateral derecho. De frente no dice nada, pero de costado, ufff, ¡en serio que lo parece! Los estudiantes y supongo que otros visitantes han garabateado en las rocas, lo que le resta pulcritud al lugar ( ¿dónde están, Turismo y Medio Ambiente?). El paseo de ida termina cuando un montón de rocas desprendidas hace varios años bloquea el paso y obliga a dar la vuelta.
Las pringamosas en flor y unas enormes raíces que parecen ¿mangles? nos reciben a la salida.
Si no hubiésemos llevado foco el viaje hubiese sido un fiasco. En serio. Y si no hubiéramos contado con la grata compañía de Timo, Cholo, Jorge, Karpov y Chiquilía, el viaje a Fantino y al lago de Hatillo no hubiera sido lo que fue: una grata e inolvidable experiencia digna de contarse. Pero esa es otra historia, como dice Johanna Spyri, "que les contaré algún día”.

3/4/09

Mamá Gueda

Luisa Feliz Acosta (mamá Gueda) es la presidenta de la Cooperativa de Mujeres de Polo, municipio de Barahona. Nació en Cabral pero vive aquí desde los nueve. Es también caficultora y le gusta bailar gagá. Celebra en su casa la fiesta de San Antonio cada 13 de junio con sancocho incluido. 
“Con esa fiesta me hice amiga del pueblo entero”, dice mamá Gueda, tan querida y trabajadora que uno de los cafés orgánicos más famosos de la región lleva su nombre. Tiene 31 nietos y es toda una celebridad en Polo. Durante el Festicafé 2008 recibió un reconocimiento y había que ver cómo la gente le aplaudió, le gritó y la felicitó. El play entero se vino abajo. Venga, mamá Gueda, ejemplo nacional.

1/4/09

¡Hooola, abril!

Abril florecía frente a mi ventana, entre los jazmines y las rosas blancas. Entre los jazmines y las rosas blancas del balcón florido/me miré en la clara/ luna del espejo que lejos soñaba... Abril florecía frente a mi ventana. (Antonio Machado)