30/9/08

¡Se conectan a internet con ollas y calderos!

TECNOLOGÍA RURAL AL ESTILO CRIOLLO

Por Yaniris López
Foto: Víctor M. Pérez (Listín Diario)


LOS BOTADOS, Yamasá.- La casa de Jean Carlos de León está ubicada entre cacaotales, tan tupidos que las dos viviendas más cercanas no se ven desde ningún ángulo. Se encuentra en el paraje La Yautía, a tres kilómetros de lodo, zanjas y pendientes del distrito municipal Los Botados, al sur del municipio de Yamasá, en la provincia de Monte Plata.

Los vehículos no llegan hasta la casita azul donde vive con su abuela, doña Aurelia. A veces, dice, si el camino está seco puede entrar con su motocicleta.

Allí, en medio de la modestia más extrema y un silencio que abruma, Jean Carlos no percibe la distancia y los kilómetros que, según la gente, lo separan del mundo moderno y globalizado. Mientras haya energía eléctrica, él está conectado a Internet y a todas las herramientas que ofrece sin pagar un centavo. La antena que le proporciona conexión, compuesta por una pequeña olla de aluminio vieja, un cable y un pedazo de cobre, está en la cima de una mata de coco de unos 40 pies de altura, tal vez más. El mismo se subió a conectarla. ¿Cómo lo hizo?

La señal la toma de la antena de Los Botados, la primera comunidad en beneficiarse, en octubre de 2007, del proyecto Conectividad Rural de Banda Ancha que ejecuta en el país el Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (Indotel). Hace unos meses Jean Carlos, de 21 años y estudiante de ingeniería industrial en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), le preguntó al encargado del proyecto de conectividad rural del distrito cómo se captaban las señales. Edwin San Román le respondió que bastaba con que la antena principal estuviera visible desde donde él estaba ubicado, es decir, desde su casa.

Sólo un poco de ingenio
Ante la respuesta de San Román, y tan escondido como él sabía que se encontraba su hogar, Jean Carlos necesitaba empeñarse si quería conectarse a Internet, un servicio del que toda la comunidad de Los Botados ya disfrutaba y que él necesitaba para hacer las tareas, navegar y conversar con sus amigos.

Acostumbrado a desarmar radios y cuantos aparatos electrónicos llegaban a sus manos desde pequeño, se le ocurrió “crear una antena”. Compartió la idea con su amigo Wilfrido de Paula, también de La Yautía, y juntos trabajaron en algo que nunca se imaginaron iba a llamar tanto la atención.

“Me ubiqué en las otras antenas, me fijé en el material que usaban, me salió la idea y la fabriqué”, dijo Jean Carlos a LISTÍN DIARIO, que llegó hasta su casa para conocer su trabajo. En unas cuantas horas lograron la conexión. Sólo necesitaron un cable coaxial, un pedazo de cobre y una olla vieja.

“No me tomó tanto tiempo”, sigue Jean Carlos. “Fue de una vez, el mismo día”. Según el joven, “el alambre tiene un cable coaxial que cubre la parte de cobre, esa la uno con la olla y la otra partecita de cobre la uno con el mismo cable”. Y eso es todo. La olla funciona como un espejo que enfoca hacia la antena “y evita que la señal sea unidireccional”.

La antena de Wilfrido, que tiene 23 años y estudia Informática en la UASD, está ubicada en la parte trasera de su casa. El jarro viejo de aluminio lo sostiene una larga caña brava.

SUPERACIÓN
En la humilde salita de su casa, Jean Carlos mantiene una especie de taller alrededor de una computadora IBM del año 2000 ensamblada con piezas que él mismo recoge y arregla. Su interés por las computadoras y las telecomunicaciones creció a partir de su primer contacto con las máquinas en el año 2002, durante un curso básico que tomó en Villa Mella. El resto lo ha hecho por cuenta propia.

Doña Aurelia, que ya pasa de 80 años, lo deja trabajar. No se mete en sus asuntos porque no entiende nada de esas cosas. Sólo sabe que ahora se acercan muchas personas hasta su casa para ver la antena que construyó Jean Carlos en lo alto de la mata de coco. El mismo presidente del Indotel, José Rafael Vargas, se acercó para ver lo que habían hecho los chicos.

A los papás de Wilfrido, en cambio, no les sorprenden los inventos de su hijo y sirven de anfitriones de los visitantes cada vez que, debido a las clases, Wilfrido se ausenta. Recuerdan que cuando se enroló como auxiliar de la Autoridad Metropolitana de Transporte (Amet) hace unos años dijo que lo primero que compraría sería una computadora. “Son muchachos despiertos, han subido juntos desde chiquitos, se ponen a inventar y les funciona”, dice Teofino de Paula, padre de Wilfrido. Jean Carlos también fue auxiliar de Amet hace unos dos años.

Hoy ambos chicos están desempleados, enfocados en sus estudios y deseosos de seguir “inventado” y encontrar trabajo en las áreas de las telecomunicaciones y la informática. Ya demostraron que ingenio y deseos de trabajar les sobra. Sólo esperan seguirlo demostrando. ¿Alguien se anima?

25/9/08

Sí, es cierto. Pero lo recuperaron

Pues resulta que es verdad, que se robaron a Neptuno para venderlo por piezas (es de cobre). Lo encontraron tirado en una calle hecho un trapo. Hasta un vídeo hay en Youtube donde se ve el pobrecito. Anda, por lo menos nos quedan las fotos del recuerdo, aunque los puertoplateños ya le pidieron al síndico que la restaure. Mientras lo colocan donde estaba, les recomendamos pasar por el David desnudo de la avenida del malecón y retratarse con él bien rápido, antes de que alguien les vocee "¡agárraselo, agárraselo!"

¿En serio se robaron a Neptuno?


Está bien. No me reiré. El año pasado "denunciamos" que al Neptuno del malecón de Puerto Plata, que tiene una islita para él solo frente a la playa de Long Beach, le robaron el tridente. Ahora Jaclin me contó que se llevaron la estatua completa. ¿Será verdad? Porque según tenía entendido no es tan fácil llegar hasta allí, porque las aguas alrededor de la isleta son medio turbulentas. Si alguien sabe algo nos avisa, ¿sí?
M..., ni las estatuas ubicadas en medio del mar se salvan...

22/9/08

En la Casa-Museo Cayuco

Texto y fotos: Yaniris López

Además de sus 35 kilómetros de playa, de sus cuevas, montañas, artesanía, ríos, lagunas y mangles, una apuesta museográfica con opciones para locales y extranjeros se prepara para recibir al público en Miches: la casa museo de Cayuco (Genaro Reyes), uno de sus más grandes creadores y director artístico del festival cultural ArteMiches.

El lugar es mucho más que su taller y su refugio. Ubicada a orillas del río Yeguada, la casa exhibe y almacena toda la obra del artista desde que empezó a bregar con la madera en 1983. Y Cayuco quiere compartirla con todos. Artistas y visitantes. Para eso y por otros motivos volvió hace cinco años a su pueblo natal luego de trastrabillar por varios países y la capital- y se quedó a vivir frente al Atlántico dominicano, entre hierros, madera, lagartos, plantas y antigüedades. "Es un lugar con mucha energía y los trabajadores como yo necesitan de esa energía para canalizar cierta búsqueda en la materia”, nos dijo Cayuco en la primera intromisión periodística a su refugio.

En el museo, de 400 metros cuadrados, los visitantes “se van a encontrar con lo que ha sido mi trayectoria, las obras de los últimos años de oficio”, dice Cayuco, que comenzó su carrera artística en el año 1983 aprendiendo ebanistería en la Escuela Vocacional de las Fuerzas Armadas de Miches. De la ebanistería se desplazó a la artesanía y de ésta al tallado de madera. Luego se dedicó a la recuperación de materiales y a la soldadura. “Sigo con el dibujo, voy unos años a la Universidad Autónoma de Santo Domingo, luego voy por el teatro y he estado canalizando inquietudes literarias a través de círculos literarios de la Zona Colonial, como el Cacibajagua, dirigido por el poeta Carlos Gómez Robles”.

Dice que todo ese proceso de aprendizaje es lo que ha venido a seguir canalizando en Miches. “A seguir compartiendo, contribuir a la formación de jóvenes con disposición a este tipo de oficio”. En realidad son muchos oficios: hay dibujos, madera, muebles tallados y soldaduras distribuidos por todo el lugar.

“El proceso museográfico no es más que tratar de organizar científicamente la colección, porque ahora todo está como en un almacén, porque el proceso de montaje y de curaduría es un asunto que necesariamente se desarrolla a largo plazo, porque como puedes entender esto es autogestivo y la locura es precisamente esa: embarcarnos en un proyecto museográfico”.

Apuesta cultural
Cayuco está consciente del trabajo que le aguarda. Sabe que será difícil despertar el interés artístico en un lugar que prefiere otro tipo de entretenimiento.

“Cuando es difícil vivir del oficio como artista plástico en el centro de Santo Domingo, imagínate en la ruralidad, donde todavía la gente no es sensible para adquirir, coleccionar, valorizar la producción de sus artistas y artesanos locales. La gente prefiere invertir en toda otra cosa, en zapatos, ropa, en un radio chino, una lavadora, pero no en un cuadro de un pintor local porque todavía no llegan a esa sensibilidad, y eso es parte de los quehaceres de Artemiches, educar, formar, orientarÖ”.

Artemiches es un festival cultural que se celebra cada año en el municipio y que busca acercar las manifestaciones artísticas y la literatura a sus moradores. Cayuco diseñó el trofeo en forma de yola o cayuco que se entrega durante la actividad.

Poesía visual
La casa entera de Cayuco es una obra de arte que amerita muchas horas de contemplación. Horas para ver la colección de barcos y partes de muñecas apretadas en una vitrina, o un taburete que formaba parte de la decoración de un bar ensamblado a partir de un viejo gato automovilístico y pedazos de varillas.

Horas para ver las hojas de grayumo incrustadas en el techo, los cientos de catálogos que esperan ser organizados en un estante, un pedazo de larimar de la playa de Barahona, “la chiva atómica” y “la vinera”, una pieza ensamblada partiendo de la recuperación de vestigios de construcciones coloniales: cerrojos y pedazos de vigas centenarias. “El hecho de recuperar es que me permite acceder a materiales con mucho pasado y precisamente eso es lo que uno impregna en el ensamblaje, toda la historia de los objetos hallados. No es difícil trabajar las alegorías. Uno busca expresarse a través de la materia”, explica Cayuco.

También hay piezas de galeones recuperados de la Costa Esmeralda y cientos de objetos que conforman una colección de amigos y artistas que quieren dejar algo para el espacio de 400 metros cuadrados que a Cayuco le parecen pocos.

19/9/08

El premio es también para… (Monumento al ego 14)


1.Santiago Tejedor, creador y director de la página de ciberperiodismo de viajes donde se publicaron los trabajos digitales, tuaventura.org. Porque deja que sus corresponsales escriban con el alma. Porque cada entrega de la página nos enseña a comprender el verbo viajar y llegan cargadas de detalles que editan en los diarios, que quitan en los diarios, que excluyen en los diarios. Porque cree en el talento de todos los viajeros –no importa la profesión- y les permite transmitir sus vivencias como a ellos les dé la gana. Porque ha publicado –y nos deja publicar- cosas de RD en las que valora todo lo que hay “más allá del resort”.
2. Tres editoras del Listín Diario: Doris Javier, María Isabel Soldevila y Rosa Borg (Martha Queliz también). Porque a ellas les tocó aprobar, editar y muchas veces defender los trabajos publicados en el formato impreso (sobre todo cuando algunas autoridades salían con un “¿de dónde sacó ella eso?” Y yo loca por decirles, cortándoles los ojos: “De donde ella dice, porque ella estuvo ahí”). Porque gracias a sus diligencias LD fue el medio de comunicación que más apoyo le dio este año al ecoturismo, al turismo cultural y a la promoción de los perfiles provinciales de todo el país. Porque soportaron mi pereza, mi mala maña de dejarlo todo para último momento y aún así confiar en que todo saldría bien…
3. Las Aldeas. Porque esos primeros campamentos en Jarabacoa, Monción, Constanza y Hainamosa cuando apenas éramos unos bichos prendieron en Yalo el amor por la naturaleza, el campo, la lucha, la monteadera y el maroteo.
4. María Mercedes. Na. Porque es la que soporta conmigo la esperadera en los montes (hacer turno para hacer pipí, por ejemplo), el frío de los montes, las maldiciones de los montes, el calor de los montes, la humedad de los montes, y también la que comparte conmigo la belleza de los montes. La belleza única, indescriptible y sublime de los montes. Ah, y porque ella es la que cocina en el monte...
5. Los chicos de “Párate Ahí Tours” (Ismael, Albida, Naivi, Lai, Chabe, Rafa, Eli, Maro, Omar y Cristian). Porque son los viajeros más auténticos, locos, sensibles y manipuladores con los que me ha tocado viajar. No necesitan un solo motivo para coger carretera. Sólo que alguien insinúe la palabra viajecito…
6. Y todos los lectores de Ningún lugar está lejos… en RD. Porque hay que estar medio… para soportar a la Yalo esa.

14/9/08

Con santos no hay misa...

Qué risa. El sacerdote asignado al paraje Hoyo Oscuro, de la sección Sierra Prieta (La Victoria), se niega a dar misa en la iglesia de la comunidad hasta que los moradores quiten los cuadros de los santos y vírgenes que tienen en el altar.
Mientras, las oficia en la escuela.
La iglesia, que está como quien dice abandonada, sirve de depósito de las butacas rotas del centro educativo.
Don Obispo de la Cruz, uno de los fundadores de Sierra Prieta, me dijo que ellos no piensan quitar nada porque “esos santos fueron dejados ahí por sus ‘antecesores’, padres y abuelos, con un propósito santo”, y que ellos respetan a los santos, motivo por el que “ni locos” los moverán de su lugar.
Yo –que no sé nada de religión- respeto la decisión del sacerdote y comparto eso de no venerar imágenes, pero me quedo con los moradores, que han demostrado más devoción y osadía al defender lo que consideran “su patrimonio espiritual”.
Ay, cómo me gustaría que ese sacerdote insinuara que quiten el cuadro de la Virgen de la Altagracia del altar de la Basílica de Higüey. No joda nadie.

11/9/08

Tour virtual por el Zoológico

La última novedad de la página del Zoológico Nacional es un tour virtual por las principales áreas del Parque (en realidad son vistas panorámicas). Gracias a la tecnología, paseamos por los caminos y observamos la fauna y la vegetación del parque de 1,250,000 metros cuadrados y 8 kilómetros de carreteras que constituye uno de los pulmones más importantes de la zona urbana de Santo Domingo. Varios clics y visualizamos las entradas exterior e interior del lugar, el trencito, la planicie I (donde está el Emú) y la planicie II (el rinoceronte y los bisontes americanos). Otros clics y el viaje virtual nos llevará por las áreas de los primates, los felinos y la planicie donde descansan los hipopótamos, la Isla de Monos Araña y la Isla de Cabras y Maribues africanos. Todo el colorido del lago de la aves, los avestruces, la caseta de los monos, los osos y el zoológico de niños también están incluidos en el tour.
La pantalla de acceso no presenta ninguna herramienta “extraña”. Y ya en la página, no está de más seguir navegando y conocer un poco sobre los programas y servicios que lleva a cabo el Parque Zoológico Nacional, inaugurado el 5 de julio de 1975.
Ubicación: avenida Los Arroyos, en Arroyo Hondo. Teléfono (809) 562-3149.
Horario: de martes a domingo de 9:00 a.m. a 5:00 p.m.
Entrada: público en general RD$30, incluido paseo en tren.

PD: No, no es ninguna payola sentimental. Sólo me pareció chévere...

9/9/08

Divinas letrinas

Hace unos años, cuando trabajaba para el periódico Hoy, me tocó hacer un reportaje sobre el trabajo social que hacía una ONG en los lugares más alejados de las provincias del sur del país. Lo titulé “De comunidades aisladas a núcleos de integración social” porque eso, precisamente, era lo que hacía la organización, ayudar a elevar la calidad de vida de los moradores organizándolos en núcleos comunitarios y facilitándoles ayuda económica. De todas las actividades que realizaban, hubo una que me afectó en gran manera y que nunca he podido olvidar: las comunidades hacían una fiesta cada vez que inauguraban un grupo de tres o cuatro letrinas. Sí, letrinas. Un hoyo en el suelo con cinco hojas de zinc y un sentadero. Recuerdo que ese día, que coincidió con las fiestas de San Miguel, en uno de los parajes que bordean el río Mijo, en San Juan de la Maguana, prepararon unos cinco calderos enormes de sanchocho en fogones al aire libre y la gente bailaba salves y palos de lo más feliz. Lo recordé porque la semana pasada tuve que recurrir a una de ellas para vaciar el contenido de mediodía de brincaderas por los campos de la provincia Espaillat. Leo Santiago pensó que sería divertido tomarme unas fotos entrando en la letrina. De hecho, se rió muchísimo. Pero qué va. No me importa usarlas. En el monte, una letrina es un lujo. Y yo también haría una fiesta si su construcción implicaría dejar de defecar en los ríos y entre los matorrales.

2/9/08

¿Chow mein o lou mein?

Nunca discutan con Iván, el chino que atiende en el Centro Restaurante Popular del Barrio Chino, en la avenida Duarte después de la Benito González. El y su papá son unos expertos manipuladores (smile). El menú dice que el plato se llama “chow mein” y así se lo pide una pero entonces él, con su carota, siempre te dice: “Lou mein, lou mein, no chow mein”. Pero anjá, Iván, ahí dice chow mein. “Pero es lou mein, con pasta apastado y blandito como lo comen los dominicanos”. Una se ríe. Nació en China y se llama Iván. Está bien, Iván, tráeme un show mein. “¡Lou mein!”, explota una y otra vez con su español "alitraneao". “El chow main trae pasta frita”. Está bien, lo que quieras, Iván. “No, decidan ustedes”. "Pero Iván, lo que sea que traigas está bien. Bueno, trae el lou mein ese". Es de las cosas más rápidas que preparan, porque si una se queda a esperar que te presenten el pescado y las carnes para que luego te los cuezan, fácil que pierdes una hora sentada. Con la discusión olvido lo de los vegetales y a los cinco minutos grito a la chica dominicana que sirve de mesera: “¡Ay, mi madre, sin vegetales, corazón, no me le pongan vegetales!" Y ella, que por suerte no ha heredado a Iván (que al final siempre sonríe cuando una se va), pone la cara medio triste y dice “ya está en el caldero, mezclada con el pollo y la pasta”. En fin, que siempre dejo el “chow mein” o “lou mein” como lo ven en la foto: casi enterito, porque aquí entre nos, no sé por qué siempre le echan más vegetales que pedazos de pollo.