26/6/08

En la casa de Juan Trinidad

Era el loco de la casa. El que prefirió dedicarse a tallar la madera con una cuchara antes que convertirse en sacerdote. Y aquí está. Sus robles tallados le dan la vuelta al mundo. Los rostros que nacen de la madera que trabaja en la parte trasera de su casa lo han convertido en uno de los escultores más talentosos y reconocidos del país. Y él como que no se da cuenta. Su humildad trasciende todo tipo de orgullo desmedido y engreimiento.
Su casa es como él
. Como un artista que respeta y colecciona el arte de otros artistas. Repleta de antigüedades porque tienen su valor. Repleta de afecto familiar. De formas.
Cuando Virgi le preguntó a Juan Trinidad si primero concebía la escultura en su mente antes de empezar a trabajar, él le confesó un secreto: no es necesario hacerlo porque en cada tronco se esconde una figura en sí misma que él simplemente ayuda a emerger. La madera le habla. El le da la forma que tiene por dentro. Por eso cada pieza es distinta y ninguna comparte su madera con otra. Y por eso él deja parte de su corazón en cada pieza que trabaja porque, dice, es algo así como una relación de amor. La misma relación de amor que vive junto a Wendy, Leonor, WendyLiana, Clifford y miles de amigos que visitan su patio en la entrada de una cada vez más pujante, hermosa y prometedora San Francisco de Macorís.


23/6/08

Así crece la piña

Ella. La intelectual. La chica de tres maestrías y 13 viajes alrededor del mundo. La belleza del barrio. Modelo de los anuncios de Presidente en tres ocasiones. De Orange en dos. De Colgate –por su linda sonrisa- en cinco. De algunas bebidas gaseosas en el verano por su lindo cuerpo. Presidenta del curso en el bachillerato. Dirigente estudiantil en la universidad. La novia del chico más guapo del colegio. Jugadora de tenis. Cinta negra en Tae-kwon-do. Fanática del Gold Gym, de Sabina y de Tolstoi. La citadina. La cara linda. La futura presidenta –en deseos- del país. Ella. Ella pensaba que la piña crecía debajo de la tierra. Como las zanahorias. Como la batata. Como el ñame. Como la cebolla. Tremendo susto se llevó hace unas horas cuando descubrió la verdad. Y como Yalo no quiere que ninguno de sus amigos monteros –ni tan lindos ni talentosos como ella, tal vez, pero sí más cuidadosos al desnudar sus “ignoracidades” - pasen la vergüenza de sus vidas, aquí les deja con una mata de piña. Y no cualquier mata. Esta nació y creció en Sabana Grande de Boyá, en la provincia de Monte Plata, cerquita de un manantial y rodeada del cariño del dueño de Rancho Alto. Salve.
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PD: Yalo no le echa en cara a su amiga que no supiera cómo crece una mata de piña. Total, ella nunca ha visto una de nuez moscada y como quiera se la da muchísimo…

17/6/08

Convivencia en armonía

La foto muestra una finca en Mao, provincia Valverde, en la que crecen en perfecta armonía plátanos y yuca, mientras hermosas hileras de trinitarias amortiguan el polvo y el viento que llega de la carretera. La finca pertenece a uno de los pequeños productores de Bananos Ecológicos de la Línea Noroeste (Banelino), que exporta actualmente 14 mil cajas de banano orgánico semanales, muchas más -45 mil- si Olga y Noel no hubieran hecho de las suyas. En otras fincas de Banelino, los bananos comparten el suelo con maní forrajero y otras plantas e hileras de limones. Esta técnica se conoce como siembra con cobertura y, entre sus muchos beneficios, “evita que crezcan otras hierbas y que el suelo se erosione con las lluvias, mantiene la humedad y crea un espacio para que proliferen insectos que controlan las plagas”. Gustavo Gandini, ingeniero agrónomo del Banelino, dice que “lo más importante es que en la raíz de esa planta (el maní) se fija una bacteria que le aporta 250 kilogramos de nitrógeno por hectárea por año al suelo, que es lo que necesita el banano”. Y dan fotos lindas, dice Yalo. De eso no hay dudas.

4/6/08

San José de Ocoa


A ti
(Criolla de Arturo Pellerano Castro)


(...) Yo quisiera, mi vida,
ser burro, ser burro de carga...
Desde el día que en el cierro del monte,
cogida la falda
el arroyo al cruzar, me dijiste
sonriendo: ¿me pasas?...
y tus brazos ciñeron mi cuello,
y al pasarte sentí muchas ganas,
de que fuera muy ancho el arroyo,
de que fueran muy hondas sus aguas...
desde el día que te cuento, trigueña,
¡yo quisiera ser burro de carga!...



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A los monteros de San José de Ocoa que hace tiempo pedían imágenes de sus tierras.
Fotos: Yalo